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Un sueño compartido

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Aseguraba John Lennon que un sueño que sueñas solo es sólo un sueño. Pero. un sueño que sueñas con alguien es una realidad. Cristina Noble nunca dejó de soñar. Nació pobre e irlandesa, y con el don de cantar como los ángeles. Desde pequeña entendió que si quería comer tenía que ganárselo, así que sin levantar muchos palmos del suelo empezó a ganarse la comida, para sí y sus cinco hermanos cantando allí donde la daban algunas monedas.

Su madre les dejó bien pronto. Un marido alcohólico, seis hijos, hambre, frío y las palizas de su amado marido son más que motivos para morir joven y no dejar un bonito cadáver.

Cristina rezó por su madre, pero le fue más provechos  cantar más,  para dar de comer mejor a sus hermanos. Afortunadamente, la justicia le quitó la patria potestad a su padre. Y todos ellos se criaron en instituciones de la católica Irlanda. Cristina padeció la violencia cristiana y también la machista varias veces en su vida.

Su padre volvió a robarla para dejarla en la indigencia, fue violada por cuatro individuos, de alguno de los cuáles quedó embarazada. Una amable madre superiora le quitó a su hijo fruto del pecado para entregárselo a una buena familia cristiana. En cambio, ella no se rindió, siguió trabajando, soñando y cantando. Se enamoró, tuvo tres hijos y como no, fue explotada, engañada y maltratada por su marido.

Cristina Noble siguió soñando, y una vez crió a sus hijos, dejó atrás todo y viajó a Vietnam. No era rica, pero tenía la fuerte convicción de compartir un sueño.

Tras años de lucha y esfuerzo, creó de la nada una fundación para ocuparse de aquellos que nadie quiere: los niños y niñas de la calle Bangkok, Vietnam. A día de hoy, su fundación http://www.cncf.org/ ha ayudado tantos niños y niñas que su acción se ha expandido hasta Mongolia.

No te quepa duda, este mundo gira gracias a las mujeres, mujeres como Cristina, gracias Mama Tina

 

 


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Gonzalo Silió Sáiz

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