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Morador da rúa, héroe para siempre en Sao Paulo.

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Conozco la Praça da Sé de Sao Paulo. Estuve 4 días en Sao Paulo y me gustó. Me gustó por impactante, por la gente que conocí allí, por la vida que hay, por el caos que es, y por todo lo que ofrece.

La odié por todo lo que genera. El sábado que estuve allí decidí desayunar y visitar la Pinacoteca del Estado de Sao Paulo por varias razones: es un edificio singular enclavado en paraje idílico en el que celebraban un mega concierto de música evangelista, no podía perderme semejante atrocidad, y además, dicho lugar colinda con Cracolandia, la ciudad del crack.  Para mí, el mejor plan y lugar para un descubrir Sao Paulo.

Cómodamente desde el balcón de la pinacoteca rodeado de blancos cultos y otros turistas ( estaba de moda el brunch del restaurante) mientras asistía a  como miles de personas cantaban rock evangélico, a la vez contemplé impunemente la agonía de un adicto al crack que a duras penas luchaba por respirar en la mediana de una autovía. Eso es Sao Paulo.

El estado de Sao Paulo tiene tanta población como España, la ciudad casi la mitad, algo más de 20 millones de personas. Sao Paulo es la ciudad más grande de Latinoamérica y su PIB supera al de varios países. En sus calles, moran más de 15000 personas sin casa, la mitad de ellos en la zona de la Praça da Sé, y en sus cielos casi se producen atascos de helicópteros. El dinero escapa a la gravedad, a más dinero, más ligero…

La Praça da Sé  es uno de los epicentros de la ciudad,  se cruzan varios caminos, miles de personas y muchos momentos en ella. La catedral preside la plaza y protege la plaza. Yo no me atreví a dejar la sombra de la catedral y adentrarme por el parque de alrededor. Me dijeron que anduviese “ligado”, es decir al loro por allí.

No lo vi pero seguro que estaba,  Francisco Erasmo Rodrigues de Lima, de 61 años, morador de rua habitual de la zona. Ella no creo, pero vi varias personas como Elenilza Mariana de Oliveira de 25 años que entraban a pedir a la catedral y salían con menos dinero, pero más esperanza. No creo que Luiz Antônio da Silva de 49 años estuviese ese día allí, pero con seguridad que había varias personas en su misma situación.

 

Hace unos días estas tres personas se encontraron en las escalinatas de la Catedral Metropolitana de São Paulo. Hoy solo vive Elenilza.  Luiz Antônio da Silva ex-convicto y adicto con varios antecedentes criminales decidió robar a Elenilza dentro de la catedral. Frustrado su intento y para librarse de la policía la retuvo a punta de pistola como rehén.  Francisco Erasmo Rodrigues de Lima,  un mendigo, viendo el peligro que corría Elenilza, rompió su indiferencia y ante la mirada de varios policías arriesgo su vida por salvar la de Elenilza. Lo consiguió y lo pagó con la suya propia. Una vez salvada Elenilza, la policía acribilló a Luiz Antonio. Uno en la puerta de la catedral y otro en las escaleras agonizaron juntos, estos polos opuestos de esta historia.

Francisco Erasmo Rodrigues muere de pie, apoyado contra la puerta de la catedral, contemplado los resultados de su obra, contemplando la vida que acaba de salvar y que él esta perdiendo segundo a segundo, aliento a aliento.  Espero y deseo que muriese orgulloso de si, pues sea cual haya sido su vida, aprovechó la oportunidad que tuvo para demostrar que fue un héroe.  Me gustaría que le llegase el reconocimiento de aquellas personas que creemos que las personas buenas como él son más, y son las que hacen mover el mundo. Pues los parias y balas pérdidas como Luiz Antônio son menos, aunque salgan más en las noticias. Francisco Erasmo Rodrigues descansa en paz, y ten en cuenta que si yo hubiese estado ese día allí en la praça da Sé, hubiese corrido para asir tu mano en tus últimos segundos para darte consuelo y las gracias. No como hicieron los policías  que  fueron a ver a Luiz Antônio. Solo con el corazón se ve a los verdaderos héroes. Unos 6,5 millones de personas viven en Sao Paulo con menos de un dólar al día, esos si son héroes como tu Francisco.

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Gonzalo Silió Sáiz

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