Ética Igualdad de género

Lo que mueve el mundo puede que sea la liebre de la Patagonia

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No suele recomendar muchos libros, me gusta más regalarlos. Hace unos meses me llego de Bilbao La liebre de la Patagonia, de Claude Lanzmann, buen regalo. Es de esos libros donde no puedes dejar de oír la voz del narrador, donde a pesar de la angustia por su final, no dejas de leerlo con avidez.

De Bilbao también me llega, pero esta vez de puño y letra  Lo que mueve el mundo de Kirmen Uribe. Lo compré para este viaje de 56 horas de ida y vuelta para  dos horas en mi sonrisa en el mundo.  Es otro libro de esos que te hacen dar las gracias en cada página, de esos que estimulan el ave Fénix que todos llevamos dentro.

Ambos libros hablan de la vida con mayúsculas y por ello se centran en el mayor de los horrores que hemos vivido y del cual todavía no hemos aprendido. Hablan de escuelas, de maestros, de héroes cotidianos, de amor con los pies en la tierra, de cosas que no se comparten más que con una persona en la vida, de amistad y de esas cuatro cosas que hacen del presente de cada uno, un regalo diario.

Como son libros que hablan de la verdad, coinciden en varios temas, solo os destripare uno de ellos:

En Lo que mueve el mundo de Kirmen Uribe se puede leer que:

“Al tener un hijo, se adquiere el pánico a la pérdida, a dejarlo solo para siempre. Si además, es niña hay que añadir el pánico a que sea sometida por algún hombre. La mayoría de las mujeres que conozco han sufrido de mayor o menor calibre algún ataque.”

Por su parte, Pierre Lafontaine, dice en la Liebre de la Patagonia:

“Aquello ocurrió en 1934. Eran rarísimas las mujeres que, por horror a la condición que se veían abocadas, se atrevían a abandonar prudencias, seguridades, maridos e hijos: había que ser de acero para soportar la estimación y el heroísmo cotidiano a los que ellas se condenaban. Mi madre dejo el hogar sin un céntimo y se fue a trabajar a una fábrica de latas de sardinas”

La persona que más odio me provoca es ese hombre cualquiera, que con gesto criminal o mínimo, manifiesta ese desigual trato que seguimos dando aún a las mujeres en todas y cada una de nuestras sociedades. No lo soporto, ¿hasta cuando seguiremos padeciéndolo?

Escribe Kirmen Uribe que hay cosas que nunca se olvidan, entre ellas estos libros añado yo. Gracias a los dos, gracias a ti, mi vida.

P. D. Mientras escribo esto, un hombre, siempre un hombre, el azafato de mi vuelo de vuelta de mis 56 horas para 2 horas de verdad, me frota mi hombro por enésima vez e insiste:  -para ti lo que sea- me responde tras entregarme la manta que le he pedido.  Y seguramente no parará hasta que le tenga que decirle que no se confunda que yo no soylaputadesumadre y que como me vuelva a tocar el hombro igual le arranco la cabeza. Que pena que esas mujeres que de un calibre u otro reciben algún tipo de ataque no puedan decirle a ese hombre, siempre un hombre, lo mismo que yo acabo de decirle a este.

Y releo mis letras y me doy cuenta que en la expresión que uso para mostrar mi furia contra los hombres, soy injusto de con las mujeres…

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Gonzalo Silió Sáiz

Gonzalo Silió Sáiz

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