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Las vidas se gastan

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Todas las vidas se gastan y algunas mucho antes de lo que deseamos. Todos nos vamos gastando, pero a veces se nos olvida. En días como hoy, palpas  lo arbitraria que es nuestra existencia.  Y lamentas que se tenga que ir alguien para hacerte consciente.

“es raro, me genera desasosiego hablar de la muerte, pero a la vez me da como tranquilidad para la vida” – dijo el año pasado una estudiante en una de nuestras clases.

Si no hablamos de la muerte, ¿cómo vamos a valorar y mimar la vida? suele ser el argumento que compartimos para debatir sobre nuestra existencia. Existencia de la que nunca sabemos el cuándo o cuánto, pero siempre somos responsables del cómo. Qué hacer con nuestra vida, decidir en qué gastamos nuestra vida es nuestra gran responsabilidad.  Y solo, nos pertenece a cada uno de nosotros hasta que nos vamos.

La próxima vez que quieras morir, piensa en aquellos que querrían vivir y ya no están resuena en mi cabeza cada vez que alguien nos deja.  Así consigo,  poco a poco, que el dolor de la pérdida se transforme en más fuerza por aprovechar y gastar cada segundo de mi vida. Su pérdida, su falta, se convierte en un testigo más que portar para luchar cada día por vivir más y en un mundo mejor.

Bien de niño, volviendo de un viaje, de noche en el asiento de atrás del coche de mis padres junto a mis hermanos escuché a Víctor Manuel en la radio. Le preguntaron  como se imaginaba el paraíso después de su muerte. Él confeso que se imaginaba a menudo su paraíso ideal. Y aseguraba que a su muerte se veía jugando al fútbol en un prao verde asturiano con los amigos de toda su vida. Una y otra vez jugando un partido interminable lleno de amigos radiantes de felicidad.

Aquellos que luchan hasta el final, son los únicos que son imprescindibles decía Brecht. Tu lo fuiste. Descansa en paz en tu partido eterno.

En días como hoy, decidir en qué gastamos nuestras vidas, tiene más sentido que nunca.

 

 

 

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Gonzalo Silió Sáiz

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